La generación beat no
se manifiesta sólo en la literatura, sino en muchas otras maifestaciones
culturales y en su propio estilo de vida. Una muy significativa es El Aullido
(The Howl) de Allen Ginsberg, un poema escrirto para ser expresado como
performance en 1955. Su expresión es poderosa, abrumadora, que se expande
dentro del lector y lo contagia del descontento y rabia del autor. Su gran
carga expresiva y todos los elementos sociales de los que habla lo convierten
en un manifiesto para la generación beat. . Las manifestaciones beat construyen
un gran número de símbolos que impulsan a la creación de signos referentes a su
discurso en interpretaciones audiovisuales y cinematográficas.
Son varias las ramas
que recogen el impulso beat. Entre ellas tenemos el cine, que lo usa como
temática, se influencia por él o lo explora y muestra. En el videoarte beat se
muestran videos subjetivos, que transmiten a través de formas, colores,
texturas, sonidos y distorciones, yuxtaponiendo y manipulando imágenes para
generar sentido y sensación.
El cine nos ayuda a
comprender el fenómeno beat desde varias direcciones: la experimentación
creativa, la introspección en busca de respuesta sobre quién es uno y cuál es
su lugar en el mundo, la investigación de la cultura beat y adaptaciones
cinematográficas de obras de esta generación.
También podemos decir
que la cultura beat influenció en el teatro, happening y performances de los
años 60, que cultivan la expresión espontánea, improvisación, y el juego con
los límites. Tocan temas sociales y buscan romper las fronteras entre lo real y
lo ficticio, el público y los actores, la vida y el arte. Muchas veces se
elimina la trama y se usa mucho la intertextualidad. El performance y el
happening hacen uso del cuerpo humano para significar la existencia de manera
implicante y revelatoria, realizando representaciones simbólicas que apelan al
imaginario del público. La violencia es un tema o un medio recurrente, que se
lleva más allá al enfocarse como sacrificio de sí en el Accionismo Vienés. Los
artistas de esta corriente abordan temas relacionados con los límites
emocionales, catárticos y psicológicos del ser humano, exhibiendo la fragilidad
de su cuerpo deformado y recargado de objetos con carga simbólica para expresar
un sentido de lo incompleto y deficiente respecto a alguna referencia. Estas
manifestaciones se relacionan con el beat en el desacato a las normas, la
creación libre y manifestación agresiva.
En cuanto a la
fotografía, la mirada beat registra su entorno urbano de manera sensible,
aludiendo al concepto de individuo perdido en el laberinto y sometido a
agresiones, como pobreza y soledad. Fotógrafos como Robert Frank nos muestran
retratos fragmentados, desenfocados a veces, que dan la sensación de vacío; por
otra parte, Daido Moriyama explora la realidad de la post guerra, desprendiendo
al individuo de su contexto; Larry Clark y Dennis Hopper se centran en el
espacio privado de los individuos como extensiones de sí mismos y de su
memoria. También encontramos fotografías conceptuales que construyen realidades
simbólicas, con una propuesta de lectura abierta. Éstas, suelen usar
intertextualidad, objetos simbólicos y hasta cadáveres humanos.
Y en cuanto a la
ilustración, el comic underground tiene un lugar central, siendo Robert Crumb
uno importante exponente, creador de comics, carátulas e historias llevadas al
cine como Fritz The Cat. Influenció también de manera notoria en los carteles
polacos para cine y teatro, con su gráfica impactante, y muchas veces agresiva
e inquietante. El collage estuvo también presente en trabajos de artistas como
John James, y acompañó al beat tanto en las imágenes en movimiento como en las
fijas.
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